domingo, 6 de abril de 2014

El viernes


8:00 a.m. La alarma sonaba, como de costumbre, la apagué, sabemos que es tan sólo la primera llamada…
Respondí a la tercera, había tenido una serie de extraños sueños, de esos en lo que despiertas y no sabes si lo que acaba de suceder es “real” o no, al fin y al cabo ¿qué sabemos sobre realidad?...  Tomé un baño con agua caliente pues la temperatura era algo baja esa mañana. Estaba por prepararme un café, miro  hacía la mesa en la cocina, un plato con frutas, café en la cafetera y hasta algunos cigarrillos; El desayuno listo con una nota:
   -Nos vemos por la noche
 Que tengas un excelente día.
Con amor: Sarah

¡Oh sí! Por lo menos ha hecho el desayuno. No es que no sea “romántico”, pero ¡vamos! Sarah es una colega, una compañera de un taller de fotografía los fines de semana (por cierto no es muy buena) habíamos estado tomando un par de tragos en la semana en una mezcalería a unas calles de mi casa al salir del taller; Cabe mencionar fue una buena decisión el mudarme a ese departamento a unas calles. Por unos tragos de Mezcal acompañados por un par de noches de sexo,  ¿eso es amor? ¡Vamos!  Yo lo llamo placer, ¡somos unos animales!  Parece que siempre debemos complicar todo. En fin, esto ha pasado ya un par de veces, no es que sea todo un “semental”, me parece que cada una de esas noches en las que deja salir ese inmundo ser tan sediento y con nada de miedo de abastecerse de placer alguno, que muchos niegan  pero tanto quieren,  es una oportunidad para llegar a esa tan esperada “felicidad”, que toda ocasión se vuelve una oportunidad para conseguirlo, todos somos un blanco…
No es que no me gusten los desayunos por la mañana, ¡claro que me gustan! ¿A quién no? Lo que comento es que este tipo de actos me parece un reflejo de inseguridad o falta de sinceridad con uno mismo… Jamás lo entenderé. Y ¿por qué quisiera ver a Sarah por la noche una vez más? Si, ¡claro! tendríamos un par sesiones de sexo, pero y ¿después? No hay mucho de que charlar, pensándolo bien, con muy pocas personas hay algo de que charlar y seguro de que ella piensa lo mismo, es solo ese reflejo estúpido… hoy me apetece  fumar un cigarrillo  de esos que asustan a  muchos, beber un poco de Ron, tal vez ir de nuevo al bar, pero esta vez sin esforzarme mucho, sólo pensar y ver un par de rostros desconocidos, pero ahora está Sarah… Ya pensaré como escabullirme, siempre lo hago.
Es Viernes, tomo mi abrigo y salgo directo al trabajo, fue un día tan común como cualquier otro.
Los viernes tengo a mi jefe en la oficina casi todo el día, contando sus malos chistes,  y bueno, lo peor de todo esto es ver a todos ahí fingiendo reírse, pareciera que todos se coordinaran para joderme.
Son casi las 6,  menos mal, ya empezaba a volverme loco, estamos por cerrar, como de costumbre es viernes, día de paga y todos poniéndose de acuerdo para ir a beber al bar. me hacen una invitación a la cual obviamente me negué, será la misma historia de siempre, después de la cuarta copa, tal vez quinta, pues debo admitir que si son un gran equipo bebedor, terminarán hablando de amores y desamores.La verdad no tengo mucho que contarles al respecto…

Salgo camino a casa, a unas calles encuentro el banco, hay un cajero y a unas calles más adelante una pequeña cantina o bar con un toque cubano, yo pensaba en ron esta mañana, cruzarse con todo esto camino a casa después de un día de paga, pareciera que les narro un cuento…



Ya en el bar, tras la barra se encuentra una chica con un color moreno muy notorio que no es de la zona, la chica era totalmente atractiva, se meneaba al son de la música…
Tomé un trago, después otro, le siguieron un par más, pareciera que la chica se había sentida atraída por  mí, pues los tragos eran bastante cargados, como me gustan..



Llega a mi mesa un hombre maduro podría decir, (de muy bien parecido, cabe mencionar) me invita un trago y saca  de su bolsillo una baraja:
-          -¿Póker?
Jugamos un par de horas, al mismo tiempo que seguíamos bebiendo y apostando. Tal vez fue el día tan aburrido que tuve o los pensamientos tan nefastos por la mañana, pero en verdad la estaba pasando bien, Henry parecía ser un tipo agradable.
Muchas cosas en común y como había comentado antes con casi nadie hay algún tema que discutir y esa noche no parábamos de hablar, reír y bueno, estaba ganando dinero y bebiendo gratis.
Estábamos totalmente ahogados en alcohol, el bar debía cerrar, salimos del lugar, me disponía a despedirme cuando Henry ofrece su casa “a unas cuantas calles” pues él tenía unos cigarrillos de marihuana, lo cual habíamos compartido como gusto. Imposible negarme, ¡Que carajos! Como negar un porro.
Llegando a su casa, (noto una extrema delicadeza, bastante decoración) ¿cómo no lo noté antes?, Henry sabía lo que buscaba.
No pasó mucho tiempo, para lo que recuerdo ya la había pasado bastante bien,  juegos, apuestas, bebida y marihuana, diablos una noche excelente.
De un momento a otro, Henry me besó, ¡Diablos! ¿qué pasa?  no lo pude apartar, estaba demasiado ebrio y mareado, claro porque nunca había estado en una situación así y en ese estado, el cuerpo es aún  más caliente, no sabía que hacía ahí, quien era realmente él, ni qué diablos hacíamos besándonos.
 Fue de los mejores besos que había recibido, sólo vencido por esa chica holandesa que conocí en un viaje, Voguel, como olvidarle, demonios era muy buena con la lengua.


Era de esperarse, la madrugada se vistió de calor y sudor, algo nuevo; no malo, no bueno, sólo nuevo…



9:00 a.m. escuché el despertador, desperté sonriente, la había pasado muy bien la noche anterior y bueno, después de esta nueva sensación... Además había ganado casi todos los juegos…

Debía apresurarme para llegar a tiempo al trabajo, pensé en ir a mi departamento, pero ya era lo suficientemente tarde, tendría que ir directo al trabajo, pues solo sería medio día.

Salí a comprar un cepillo dental a una tienda que vi frente a la casa de Henry, lo único que sí era necesario.
La tienda estaba bastante surtida, tenían cosas del día, desayunos, pan, jugos…
Para un día de resaca, solo más alcohol es la cura, pero debía trabajar y dicen que la naranja hace "milagros".
Compré el cepillo dental, un par de jugos de naranja y unos pastelillos que comentaba el chico de la caja, eran nuevos y totalmente caseros (me los supo vender).
Regreso a la casa, tomo el jugo, como el pan, al mismo tiempo que echaba un vistazo a su estante de libros, con muchos autores en común.
Cepillo mis dientes mientras pensaba, hoy es un sábado, ayer fue un viernes, hasta que se convirtió en “el viernes” y lo mismo podría suceder hoy.
Habíamos intercambiado números por la noche, le dejo un mensaje de texto:
-Buena partida la de anoche, gracias por regalarme tu dinero, en agradecimiento dejo jugo y  pan en la cocina.
Hoy estaré libre por la noche, ojalá y nos podamos encontrar, volvamos a apostar, la he pasado muy bien.
Buen día.
Salí camino al trabajo, ya había cerrado la puerta y a la primera esquina, cuando me di cuenta, solo pude gritar  ¡MALDITA SEA!... 

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