Sudaba y sudaba… tal vez el aire acondicionado no funcionaba
ese día, había mucha gente dentro o posiblemente fuese sólo mi paranoia. Eran
casi las 5 de la madrugada y no la habían anunciado en toda la noche.
Me pareció verla al otro extremo del lugar atendiendo a un
tipo bastante grande, (aunque comparado conmigo, muchas personas parecieran
bastante grandes de estatura) robusto, de tez oscura, de esos a los que el
apodo “The Little John” no les sienta nada mal, ya lo imaginarán… O
posiblemente también era parte de mi alucinación, ya no sabía, lo que sí sabía,
es que llevaba más tragos de los que podía contar y esta vez, de los que podría
pagar. Era un cliente frecuente creí no
habría problema alguno en que me dejaran una cuenta pendiente, saben que
regresaré, siempre lo hago.
Una noche anterior, como todas las noches anteriores dos
meses hacia atrás, me fui a casa con “esa” hermosa bailarina que desde el
primer momento me hizo derramarme. ¿Ella y la bebida en un mismo lugar? Ahora van
entendiendo él porque cliente frecuente.
Por la mañana “la muy puta” se fue mientras yo dormía, ebrio.
Despierto con una erección sin nadie que la aplaque, se había llevado mi
billetera, mi móvil y lo que más me hizo explotar, había roto un cuadro, un
retrato de una mujer bellísima a la cual he perseguido por años y nunca he
podido tener. Desde el primer momento que llegó a casa, nunca le agradó.
Eran las 5:30, tenía media hora para aparecer, el lugar
cerraba a las 6, yo estaba furioso, preocupado, desesperado, el mesero no sabía
que responderme, le empezaba a asustar mi comportamiento.
Se oye su nombre, es el número final, es ella. Sale, ella
baila, baila, sólo baila. No me quita la mirada de encima, parecía que me
retaba, yo, con un sentimiento indescriptible ¿furia? Nadie puede verme la cara
de estúpido.
Ya estaba desnuda, baja del escenario, ha terminado, los
pocos en el lugar chiflan, aplauden. Camina hacia mi mesa mirándome fijamente,
se sienta sobre mis piernas y me susurra al oído:
- - Dame unos minutos, voy por mi bolso y nos vamos.
La miré fijamente a los ojos, su cuerpo sobre el mío y con
una enorme erección que seguro ella pudo sentir:
-Esta vez cerraré, me tragaré la llave.
“La muy puta” sonrió…
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